La Gran Obra

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Cuando me llevaba al campo señalaba
unos árboles y decía "Mira hijo, esos
árboles los planté yo, mira que bonitos
están." ¡Cuántos árboles pudo
sembrar un sólo hombre!
A mi padre, Antonio Sánchez Lozano (1942-2015). Hijo del caminero de Olvera José Sánchez Chacón y de Francisca Lozano Sánchez, hija de los camineros de Bornos.
 
A Aldo Rodríguez Villouta por conseguir que me creyera capaz de escribir esta historia.

Cuando morimos los seres humanos nos convertimos en estrellas.
Sabiduría Maya
 

La despedida

Días antes de regresar a México le pedí a mi padre, Antonio "El Caminero", que me llevara al bosque donde me mostró a los venados dibujados en la niebla por primera vez.

Cuando llegamos, el bosque que yo recordaba había desaparecido y frente a nosotros había un desierto sembrado de trigo.

Mi padre nunca fue dueño de aquellos bosques pero siempre los cuidó como si fueran suyos. Muchas veces, cuando me llevaba al campo, me señalaba unos árboles y decía "Mira hijo, aquellos árboles los planté yo, mira que bonitos están." ¡Cuántos árboles pudo sembrar un sólo hombre!

Yo, educado en el materialismo, le preguntaba para qué sembraba tantos árboles en una tierra que no era suya sin que le pagaran. Él contestaba que lo hacía porque si llegaba la crisis la gente los podría necesitar.

Pero su esfuerzo por proteger los bosques no sirvió de mucho porque ni los dueños de las tierras ni las autoridades pensaban como él. Para ellos los bosques eran una forma de ganar dinero y por eso no tuvieron ningún remordimiento a la hora de destruirlos.

La mayor virtud de mi padre era su respeto
por la vida y su amor a la naturaleza. Igual
que la tierra, mi padre sólo sabía dar.
Recuerdo la fustración de mi padre cuando vio que habían arrancado unas higueras que sembró cuando era niño en la carretera de Arcos de la Frontera. ¿Porqué habían arrancado aquellos árboles si no estaban en tierras cultivadas ni le hacían daño a nadie?

Cuando pregunté, un vecino me dijo que estaban arrancando los árboles frutales para evitar que los hambrientos fueran a recoger sus frutos cerca de las carreteras. Me quedé sin palabras: ¿Cómo es posible que se esté llegando a esos extremos la crueldad en mi tierra?

Yo aun no podía imaginar que esa sería una de las últimas veces que vería a mi padre, sin embargo él sí lo sabía y eligió este lugar para despedirse de mí.

Pasando por una alambrada le dije que al año siguiente regresaríamos y él, mirándome con una expresión extraña, me dijo: "Yo ya no puedo más hijo: ¿Comprendes? Yo ya no puedo más."

Yo, que pensaba que mi padre se refería a que no podía pasar la alambrada le dije: "Claro que puedes papá, sí que puedes". Y lo ayudé a cruzar.

Cuando vi su cuerpo en el ataúd antes del funeral recordé ese momento y comprendí que aquel día, cuando me dijo que no podía más, mi padre no se estaba refiriendo a pasar la alambrada. Sabía que no me volvería a ver y se estaba despidiendo de mí.

La misión

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Si bien en su misión de proteger el bosque
mi padre fracasó, en la de cuidar a su
familia obtuvo un éxito total.
De Izq a Dcha: Lourdes, Diego y Maite
mis hermanos posando para el fotógrafo.
Todos los seres vivos tenemos una misión en la vida y la de mi padre fue cuidar de los bosques y de su familia.

En la misión de proteger los bosques mi padre fracasó y de nada le sirvió sembrar árboles, intentar salvar a las abejas o protestar cuando los políticos tomaron las riendas del campo para llevarlo a la ruina.

Ya se han empezado a pagar las consecuencias de la grave deforestación provocada por los monocultivos y la falta de árboles está provocando unos cambios climáticos terribles. 

Después de desplazar a los campesinos humildes como mi padre, los mercaderes del dinero, con el libro de la ley en una mano y la guadaña del progreso en la otra, devastaron los bosques y arruinaron a muchas familias humildes sin encontrar resistencia.

La familia 

Aunque en la misión de proteger el bosque mi padre fracasó, en la de cuidar a su familia mi padre obtuvo un éxito total.

Cuando era un niño muy pequeño me dieron unas fuertes calenturas que amenazaron con llegar a mi cerebro. Al ver que la fiebre subía, sin esperar a que llegara el médico, mi padre me sacó de la cuna y me metió debajo de un grifo con agua fría.

Cuando unos minutos después llegó el médico, que se llamaba José Francisco como yo, dijo que el agua fría había evitado que sufriera un grave daño cerebral. Mi padre, guiado por su corazón, me había salvado la vida.

Los amigos

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
En la misión de proteger los bosques mi padre
fracasó y de nada le sirvió sembrar árboles,
intentar salvar a las abejas o protestar
cuando los políticos tomaron las riendas
del campo para llevarlo a la ruina.
Ya se han empezado a pagar las consecuencias
de la grave deforestación de los monocultivos
y la falta de árboles está provocando
unos desajustes climáticos terribles.
Las mayores virtudes de mi padre eran su respeto por la vida y un profundo amor por la naturaleza. Igual que la tierra a la que pertenecía, mi padre sólo sabía dar.

Esto lo sabían muy bien los gorriones que se acercaban cada mañana para que les echara su pan de cada día. Era emocionante ver a aquel hombre rodeado de decenas de pajaritos que le piaban en un idioma que sólo él podía comprender.

Siendo un niño, mi padre encontró una serpiente luchando con un lagarto. El lagarto estaba malherido y había perdido los ojos. Mi padre espantó a la serpiente y cuidó al animal hasta que se recuperó.

Este lagarto ciego vivió el resto de su vida en la casilla de camineros donde mi padre lo protegía. Se emocionaba contándome que el lagarto ciego corría tras él como si fuera un perrito.

Cuando recordaba a su amigo el lagarto mi padre lamentaba que en los últimos años casi no se veían estos animales. La deforestación, los monocultivos y las carreteras estaban acabando con ellos.

Otro gran amigo de mi padre era el toro del Castillejo. Un hermoso toro de más de quinientos kilos tan manso como un perrito. El toro lo seguía a todas partes y se refregaba con él como si fuera un gato.

Un día mi padre subió a mi hermana Maite sobre el lomo del toro y mientras paseábamos me dijo que aquel enorme animal era un ser vivo como yo, que tenía buen corazón y que los toros, como los seres humanos, también sentían dolor.

Aquel día decidí que jamás me identificaré con una cultura que disfruta viendo como se torturan y asesinan animales a sangre fría.

En otra ocasión, mientras recolectaba espárragos silvestres, mi padre encontró un perrito de caza amarrado a un árbol.

Algunos cazadores, al terminar la temporada, matan a los perros para no tenerlos que alimentar. Los más crueles, como los cartuchos de escopeta cuestan caros, para ejecutarlos los amarran a un árbol y los abandonan para que mueran de hambre y de sed.

Intentando librarse de la cuerda, el perrito había desgarrado la piel de su cuello y sangraba. Mi padre lo rescató cuando estaba a punto de morir.

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Las mayores virtudes de mi padre eran
su respeto por la vida y su profundo
amor por la naturaleza.
Por suerte mi padre no era uno de esos "protectores" de animales modernos que capturan a los animales libres, los capan, los amarran con cadenas, les ponen un chip, los meten en jaulas y los entregan a los humanos. ¿Qué sentido tendría tomar a un animal libre para privarlo de su libertad? 

¿Le gustaría a estos protectores de animales que los capturaran, que los caparan, que los amarraran con una correa, que los marcaran con un chip, que los metieran en una jaula y que los entregaran a alguien en propiedad?¿No llamamos a todas estas cosas esclavitud?¿Entonces porqué deseamos para los animales una esclavitud que no querríamos para nosotros mismos?

Mi padre decía que los animales "estaban bonitos libres en el campo". ¿No deberíamos entonces ser verdaderamente amigos de los animales y devolverles su libertad?

Pero: ¿Qué podía hacer mi padre contra el poder destructor de la sociedad basada en la explotación, el dinero y la ambición en la que vivía?

La lucha de mi padre para proteger los bosques era la lucha de David contra Goliat. Un hombre humilde haciéndole frente a una sociedad adoradora del dinero para la cual la vida no valía nada.

Por suerte, mi padre nunca se sintió derrotado ni triste porque él no hacía las cosas para agradar a los demás ni para salvar al mundo. Mi padre protegía a la naturaleza porque se sentía parte de ella y cuidaba a los animales porque disfrutaba del amor que estos le daban a cambio.

La humildad

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Agradecía lo que la vida le daba, consumía
lo que de verdad necesitaba y lo que le
sobraba lo compartía con los demás.
Por eso podía ser feliz y sonreír.
Mi padre no convenía a la sociedad consumista en la que vivía porque nunca se dejó corromper por el poder o el dinero. Su libertad no tenía precio y su alma no estaba en venta. 

Cometió muchos errores, hizo muchas cosas mal, pero jamás fue poseído por sus posesiones y nunca lo pudieron comprar.

Agradecía lo que la vida le daba, consumía lo que de verdad necesitaba y lo que le sobraba lo compartía con los demás. Por eso podía ser feliz y sonreír.
 
Tenía un automóvil viejo y cuando le pedimos que lo cambiara contestó que "su coche estaba nuevo y no necesitaba cambiarlo".

Su coche era de los pequeños porque "gastaba menos gasolina" y "de los antiguos" porque podía bajar las cuestas con el motor apagado para ahorrar combustible.

Siempre que pudo, mi padre cultivó su propia comida. Decía que la comida del supermercado "venía envenenada" y "no alimentaba". ¡Cuánta razón tenía!

Cuando recolectaba las frutas o verduras de su huerto siempre guardaba una parte para repartirla entre los vecinos y si encontraba en la calle alguna herramienta o electrodoméstico, lo reparaba y se lo entregaba a alguien que lo necesitara. Muchos familiares y vecinos tenían cosas que él recicló.

Su casa era modesta y nunca quiso derrumbarla para hacer una nueva. Cuando hace años le ofrecimos dinero para hacerlo se negó. Dijo que "su casa estaba bien como estaba y que no necesitaba más".

Mi madre tenía una tienda y vendía ropa nueva pero mi padre insistía en usar siempre la misma ropa hasta que se rompía. Decía que la moderna no le gustaba y que era una pena andar tirando una ropa que estaba nueva.

Aquellos días yo pensaba que mi padre era un "atrasado" y que tenía "mentalidad de pobre", hoy comprendo que el "atrasado" era yo y la "pobre mentalidad" era la mía. ¡Cómo sería el mundo si todos fuéramos como él!

Pero mi padre, para la sociedad inhumana y decadente en la que vivía, nunca fue un héroe ni un personaje importante. Como era un ser humano consciente, que consumía sólo lo que necesitaba y compartía todo lo que tenía, los burócratas y los mercaderes, adoradores del dinero, lo marginaban llamándolo "antiguo", "pobre", "tercermundista" y "atrasado".

Aprendiendo a volar

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Con la navaja en una mano y un manojo de
espárragos en la otra exclamó: "¡Venga hijo!
¡Que hoy vamos a aprender a volar!"
Siendo muy pequeño mi padre me llevó a la ladera de un monte y me dijo que iba a aprender una lección muy importante.

Con la navaja en una mano y un manojo de espárragos en la otra exclamó: "¡Venga hijo! ¡Que hoy vamos a aprender a volar!".

Después de decir esto sonrió y salió corriendo montaña abajo saltando sobre las piedras como si fuera un venado.

Yo, que tenía más miedo de quedarme solo que de caerme, salí corriendo tras él y segundos después me vi volando sobre la montaña.

Fue el día más importante de mi vida porque además de enseñarme a volar, mi padre me mostró que, si queremos ser de verdad libres tenemos que dejar atrás nuestros miedos. 

El progreso

Pero mis vuelos no duraron mucho y poco tiempo después llegó el progreso con su guadaña a cortarme las alas. ¡Cuántos años tardé en recuperarlas!

Un día, "por mi bien", los políticos me separaron de mi padre y me encerraron en una jaula para niños que llamaban escuela. Yo, para evadirme de aquella prisión, solía imaginar las siluetas de los venados dibujadas con la niebla o soñaba despierto que volaba con mi padre por las montañas.

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Gracias a esta lectura empezó una carrera
musical de casi dos décadas y el sueño
de mi padre comenzó a hacerse realidad
En la foto con Raúl Solano Marchena (Izq)
y Daniel Toro García (Centro). Compañeros
de aventuras musicales
Como en la escuela castigaban a los niños que no repetían sus lecciones como loros, yo solía memorizarlo todo y procuraba sacar las mejores notas de la clase. De esta forma, aunque nunca me interesó nada de lo que me enseñaban, logré que me dejaran tranquilo.

Para los primermundistas, que mi padre me enseñara a cultivar la tierra era una costumbre "tercermundista" y que aprendiera a vivir en armonía con la naturaleza era un "atraso".

Para aquellos modernistas, adoradores del dinero, vivir en armonía con la naturaleza era cosa de "antiguos" y de "indígenas tercermundistas".

Decían estos personajes que para ser primermundistas y civilizados, los niños teníamos que mantenernos alejados del campo y vivir enjaulados en el pueblo.

Según los "modernos" que los niños jugáramos en el bosque era peligroso y para evitar accidentes recomendaron que nos quedáramos encerrados en nuestras casas viendo asesinatos por la televisión. ¡Era así como los primermundistas nos "liberaban" y se "preocupaban" por nuestro futuro!

La escuela y la televisión, igual que la democracia, hubieran sido unas herramientas buenísimas para construir un mundo mejor. Sin embargo se usaron para cortarnos las alas, programar nuestras mentes y construir la sociedad consumista y decadente en la que vivimos hoy.

Y así fue como de jugar a rodar melones en el huerto de mi padre, pasé a "matar" gente con mi pistola de juguete. Y de aprender a sembrar ajos y cebollas, pasé a aprender a jugar al Monopoly, el juego en el que siempre ganaba la banca.

Curiosamente, a estos primermundistas nunca les pareció un atraso que en la escuela, en lugar de enseñarnos a pensar con libertad, nos hicieran memorizar y repetir las lecciones como si fuéramos loros. Ni tampoco les pareció peligroso que, en lugar de vivir en armonía con la naturaleza, pasáramos horas "matando" con los videojuegos o viendo asesinatos por la televisión.

Así fue como usando pizarras, pantallas y libros, los primermundistas me cortaron las alas y evitaron que heredara los valiosos conocimientos que tenía mi padre sobre el campo y sobre la vida.

La paz

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Mi padre nació tres años después de terminar
la guerra civil formando parte de las muchas
generaciones que tuvieron la misión de
reconstruir una España arruinada. Gracias al
sacrificio y el esfuerzo de estas generaciones
nosotros solo conocimos paz y prosperidad.
¿Cómo hemos pagado a estas generaciones
de la posguerra su esfuerzo? ¿Hemos sido
agradecidos con ellos?
Mi padre nació tres años después de terminar la guerra civil y formó parte de las generaciones que tuvieron la misión de reconstruir una España arruinada.

Gracias al sacrificio y el esfuerzo de estas generaciones nuestras generaciones sólo conocimos la paz. ¿Cómo le hemos pagado a estos niños de la posguerra por su esfuerzo?¿Hemos sido agradecidos con ellos?

Mi padre, como todos los niños que nacieron después de la guerra, vino a este mundo a construir la paz y crear para sus hijos un mundo mejor.  Nadie podrá decir que no cumplió con su misión.

La división

La palabra Diablo viene del griego "Diabolos" que significa "calumniador", "el que tira mentiras" o "el que tira a unas personas contra otras". También tiene relación con el griego "Diaballein" que significa "separar", "desunir", "atacar" o "acusar".

¿Y no son las guerras fruto de la desunión y la separación?¿Y no son los partidos herramientas con las que dividir, desunir y separar a las personas?¿Y no son calumnias y mentiras las que usan los señores de la guerra para enfrentar a unos pueblos contra otros?

La generación de mi padre ya se marcha y ahora las nuevas generaciones deberán elegir su destino. 

El Calumniador intentará desunir y separar a los pueblos dividiéndolos en partidos, en clases sociales, en religiones o en razas. Esas serán las herramientas que usará El que Divide para intentar llevar a las nuevas generaciones a la guerra.

Una noche, mientras veíamos un bombardeo por la televisión, mi padre nos dijo que la guerra no traía nada bueno para nadie, que en la guerras todos perdían y que pasara lo que pasara deberíamos buscar siempre la paz.

La carrera

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Después de pintar estos dibujos mi padre
abandonó su carrera artística dedicando su
vida a trabajar para nuestra familia y a
reconstruir un país que el Diablo
había dividido y arrasado
Con ocho años, mientras guardaba una piara de cochinos, mi padre pintó dos retratos en una caja de zapatos.

La cara de un niño y un retrato de Cervantes fueron las dos únicas obras maestras que nos dejó mi padre.

Después de hacer estos dibujos mi padre abandonó su carrera artística dedicando su vida a trabajar para la familia y a reconstruir un país que el diablo había dividido y arrasado.

Cuando le decíamos que sus dibujos eran muy bonitos, mi padre se reía y respondía que "no dijéramos tonterías" porque él "no sabía pintar." ¡Tenía ocho años cuando los dibujó!

El gran sueño de mi padre siempre fue que sus hijos fueramos artistas.

Cuando años después escuchaba las canciones que componía mi hermano o me veía tocando el saxofón por la televisión mi padre lloraba de alegría al ver su sueño hecho realidad.

Tengo que decir que no soy merecedor de ningún reconocimiento ni como artista ni como persona. ¿Cómo podría servir yo de ejemplo para nadie?

Todo lo que soy y lo que logré fue gracias a mi padre que me enseñó a ver las cosas con el corazón y a mi madre que me enseñó a no tenerle miedo a nada. 

Fue gracias a mis padres, y a otras muchas personas que me ayudaron a lo largo del camino, que logré ser, más que un artista, un ser humano verdadero, con todos sus errores y sus defectos.

La música

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
El cura Don Cristóbal, viéndome como un
caso extraordinario, decidió que hiciera una
exhibición al pueblo de mis cualidades
y me puso a leer durante la comunión
Dice mi madre que fui un niño muy despierto y que había algo en mí que no era normal.

Con menos de un año, antes de aprender a caminar, ya podía conversar como un adulto y con ocho años, cuando hice la primera comunión, ya podía leer perfectamente.

El cura Don Cristóbal, viéndome como un caso extraordinario, decidió que hiciera una exhibición al pueblo de mis cualidades y me puso a leer durante la comunión.

Gracias a esta lectura empezó una carrera musical de casi dos décadas y el sueño de mi padre comenzó a hacerse realidad.

Ese día, al terminar la misa, el maestro de música José Toro Doblas "Pepe Toro" se acercó a mi madre y le dijo: ¡Ese niño no lee, ese niño canta!¡Llevalo mañana a la barbería que le voy a enseñar a tocar el saxofón!

El Maestro Pepe Toro, una persona genial, con paciencia y perseverancia, fue quién me convirtió en saxofonista haciendo que se convirtiera en una realidad el sueño de mi padre.
 
La gran obra

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Su Gran Obra, que nunca fue noticia,
ni ganó premios, ni salió por televisión,
fue el Amor por la Vida y por sus Hijos.
¿Y que valor podía tener el amor para
la sociedad materialista en la que vivían?
Después de dieciocho años dando conciertos y catorce tomando fotos he comprendido que mi obra artística no tiene ningún valor comparada con la Gran Obra de mis padres: El Amor que dieron por sus Hijos.

Pero esta Gran Obra, la del Amor que me dieron mis padres, nunca fue noticia, ni ganó premios, ni recibió homenajes, ni salió por televisión.

La Gran Obra de mis padres, que era el Amor por sus hijos y por la Vida, nunca existió para la sociedad materialista en la que vivían porque los científicos no la podían medir con sus máquinas, ni los matemáticos la podían calcular con sus ecuaciones, ni los adoradores del dinero la podían comprar ni vender.  ¿Y que valor podían tener el Amor y la Vida para su sociedad si los mercaderes no podían ponerle precio?

Los Hijos de Cristo

A mis hermanos y a mí nos conocen como a los Hijos de Cristo. Pero más que por un tema celestial este apodo lo heredamos porque mi madre se llama Cristobalina y sus vecinos le dicen Cristo.

Cristobalina Torres Santos es una mujer muy inteligente y muy fuerte que siendo una niña desafió a una sociedad en la que las mujeres sólo existían para cocinar, fregar y tener hijos y se atrevió a soñar con ser independiente.

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
El secreto de mi madre, como el de mi
padre, fue que nunca renunció a su
libertad
Con mucho trabajo, mucho amor y mucha dedicación, Cristo logró abrir con éxito una pequeña tienda y dedicó la vida entera a disfrutar de su sueño.

Cuando los políticos, con la guadaña del progreso, decretaron impuestos inhumanos que arruinaron a una gran cantidad de pequeños negocios familiares, la tienda de Cristo resistió.

Y cuando después, aprovechándose de unas leyes injustas, los grandes centros comerciales terminaron de destruir los pocos negocios familiares que quedaban, la tienda de Cristo resistió.

Siempre me sentí muy orgulloso de ver que una mujer sola había sido capaz de desafiar y vencer a un sistema injusto e inhumano diseñado para robarle su sueño y entregárselo a los poderosos.

El secreto de mi madre, como el de mi padre, fue que nunca renunció a su libertad y siempre hizo las cosas por Amor. 

Por eso, porque siempre hizo las cosas por amor, ni los políticos corruptos, ni los burócratas europeos, ni los impuestos inhumanos, ni las leyes injustas, ni los centros comerciales, fueron capaces de robarle su sueño y la tienda de Cristo permaneció abierta hasta que se jubiló.

El perdón

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
He necesitado que muriera mi padre para
comprender que nunca fui un buen hijo
y que nunca valoré el sacrificio que hizo
por mí. Quizá esta falta formó parte de
una lección que tenía que aprender. 
Un día fui a llevarle a mi padre comida al trabajo y comencé a llorar viendo como descargaba un camión de cemento.

A pesar de mi juventud fui capaz de reconocer el gran esfuerzo físico que estaba haciendo aquel ser humano.

He necesitado que muriera mi padre para comprender que nunca fui un buen hijo y que nunca valoré el sacrificio que hizo por mí. Quizá esta falta forme parte de una lección que tengo que aprender. 

Una noche mi padre llegó a mi casa tan agotado del trabajo que se desmayó. Aunque yo era un niño pequeño, en mi interior encontré una fuerza que me permitió levantar su cuerpo con facilidad y ponerlo sobre la cama.

Mientras lo levantaba comprendí que la fuerza del amor es infinita y que no hay ciencia, máquina o artificio que pueda con ella. Nada puede detener a un ser humano despierto, libre de sus miedos y guiado por su corazón.

Unos años después, cegado por la ignorancia, me enfadé con mi padre porque saludó a sus antiguos jefes. ¿Cómo podía tratar tan bien a unas personas que lo habían tratado tan mal? ¿Cómo podía perdonar a estas personas? 

Viendo la paz con la que murió comprendí que fue su capacidad de perdonar la que le regaló una muerte tranquila. Como nunca guardó odio ni rencor pudo morir en paz sin que ni el dolor o el remordimiento lo atormentaran.

El sueño 

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
El Maestro Pepe Toro, una persona genial,
logró con paciencia y dedicación hacer de
mi un saxofonista y se encargó de que se
cumpliera el sueño de mi padre.
Tras su encuentro con la muerte mi padre soñó que llegaba a un bosque y se reunía con sus familiares fallecidos.

Tan bien se sentía en aquel lugar que se negaba a despertar y quería quedarse dormido para siempre.

Su madre, Francisca Lozano Sánchez, que había muerto muchos años antes, se le acercó y le dijo: "Antonio, sabemos que quieres quedarte con nosotros, pero tus hijos están pequeños y tienes que volver a cuidarlos. No te preocupes y sé feliz. Cuando termine tu misión regresarás con nosotros."

Desde que despertó de ese sueño, mi padre nunca más tuvo miedo a morir.

Viendo la expresión de alegría en su rostro comprendí que mi padre, terminada su misión, había por fin cumplido el sueño de reunirse con sus antepasados.

Las profecías

Mi padre no es un profeta reconocido pero sus predicciones siempre se cumplieron.

Un día llegó llorando a mi casa porque habían fumigado un campo con agroquímicos y se le habían muerto miles de abejas. Fue una de las pocas veces que no lo vi llorar de alegría.

Después de perder tantas miles de abejas, mi padre me dijo que si las nuevas generaciones no hacíamos algo para acabar con el uso de químicos viviríamos en un planeta envenenado. Sus palabras ya se han hecho realidad.

Pero las advertencias de mi padre sobre la extinción de los animales y la destrucción de la naturaleza nunca fueron escuchadas porque los políticos y la prensa, basándose en "estudios científicos", afirmaban que estas nuevas técnicas agrícolas harían de España un "país primermundista" y "moderno". 

Y si el "cuento" de la ciencia decía que al ser "primermundistas" los españoles vivirían felices y comerían perdices: ¿Cómo iba un humilde campesino a contradecir lo que dijera la ciencia?

Décadas han pasado y el "primermundismo prometido", como siempre dijo mi padre, se ha convertido en una pesadilla que amenaza con convertirse en un infierno.

El error

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Como casi todos, mi padre no se daba cuenta
de que el alcohol nunca le podría traer nada
bueno. Cuando se trata de alcohol, a la larga,
el remedio es siempre peor que la enfermedad
El error más grande de mi padre fueron los bares y el alcohol.

Es cierto que era un bebedor moderado y nunca lo vimos perdiendo el equilibrio o arrastrándose por la calle. Sin embargo, también es cierto que aunque no se diera cuenta, el alcohol fue muchas veces una cruz pesada para la familia.

Como era un ser muy sensible y consciente, para soportar las injusticias que veía cada día, mi padre buscaba refugio en el alcohol.

Como casi todos, mi padre no se daba cuenta de que el alcohol nunca le traería nada bueno. Cuando se trata de alcohol, a la larga, el remedio es siempre peor que la enfermedad.

¿Pero cómo puedo acusar a mi padre si yo también fui alcohólico? ¿No vivíamos los dos en una sociedad alcohólica en la que beber era popular y estaba "guay"?¿No eramos nosotros dos alcohólicos más en una sociedad alcohólica que ni siquiera se da cuenta de que lo es?

A las personas que no bebían, como a mi hermano, se los insultaba y se los marginaba de una forma exagerada, entonces: ¿No hacía bien mi padre bebiendo alcohol para evitar que la sociedad lo marginara?¿No hacía bien siendo un alcohólico más para que lo dejaran tranquilo?

Una noche bebí tanto que me dio un coma etílico y perdí el conocimiento. Para reanimarme mi padre me echó agua fría en el cuerpo y me dio masajes en los brazos.

Cuando regresé a la vida y recobré el conocimiento, en lugar de reprenderme, mi padre sólo me repitió muchas veces: "Ojala que te sirva de lección, hijo mío, ojala que te sirva de lección."

Gracias a su sabio consejo, muchos años después, aprendí mi lección y dejé la cárcel sin rejas en la que me había atrapado el alcohol.

Las abejas

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Los días anteriores a la muerte de mi padre
comenzó a visitarme un grupo de abejas
y cada vez que las veía me acordaba de él.
¡Cuantas veces lo vi agarrando las abejas
a puñados sin que le picaran!
Los días anteriores a la muerte de mi padre comenzó a visitarme un grupo de abejas y cada vez que las veía me acordaba de él. ¡Cuantas veces lo vi agarrando a las abejas a puñados sin que le picaran!

Mientras almorzábamos, mi hermano me dijo que una abeja lo había visitado a él los días anteriores a su muerte. Quedé sorprendido. ¿Cómo era esto posible?¿Se trataba de otra casualidad?

Mientras hablábamos sobre este misterio una abeja se posó en mi mano, revoloteó frente a nosotros y se marchó.

Comprendimos entonces que las abejas, sus eternas compañeras, habían venido para acompañarnos y prepararnos para la partida de mi padre.

La familia

El Día de Todos los Santos acompañé a un amigo peruano al panteón de San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, Ciudad de México. En México esta celebración, junto con el Día de los Fieles Difuntos, es conocida como el Día de Muertos.

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Aquel nefasto 11 de Septiembre, mientras
los señores de la guerra condenaban
al mundo a la barbarie y a la tiranía,
mi padre nos dio a todos una lección
de lo que era la verdadera humanida
d
Después de pasear un rato por el panteón nos sentamos a conversar con una madre y sus dos hijas que velaban junto a la tumba de uno de sus familiares.

Le dí a la madre una tarjeta con mi dirección web y al verla exclamó: "Órale, que casualidad, nosotros somos Sánchez también".

Tener el mismo apellido hizo que conversáramos mucho sobre nuestras familias.

Cuando me dijeron que las tumbas que había a nuestro alrededor pertenecían a la familia Sánchez recordé con nostalgia a mi padre y comprendí que debería aceptar que algún día se tendría que morir.

Al día siguiente, cuando recibí la noticia de su muerte, comprendí que aquel encuentro con la familia Sánchez tampoco había sido casualidad. Se trataba de otra de las señales que me preparaban para la partida de mi padre.

La solidaridad 

Mi padre era un ser humano fascinante. Pero no porque fuera perfecto y no tuviera defectos, sino porque su espíritu era libre y no se le podía domesticar.

Para describir su humanidad lo mejor es recordar lo que hizo cuando cayeron las torres gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

Al ver la tragedia por televisión mi padre llamó a mi compañera Leslie y le dijo que si estallaba una guerra en Estados Unidos que su familia podría refugiarse con la mía en España. Ese día nació en Leslie un respeto muy profundo y sincero hacia él.

Aquel día nefasto en el que los señores de la guerra condenaron al mundo a la barbarie y a la tiranía, mi padre nos dio a todos una lección de lo que era la verdadera humanidad.

El altar

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Quedé sorprendido cuando vi que la tienda se
llamaba Lozano Sánchez. Mi padre se llamaba
Sánchez Lozano y su madre Lozano Sánchez.
¡Era sin duda una increible casualidad!
Por primera vez después de muchos años, decidí poner en mi casa un altar de Día de Muertos y le escribí a mi hermano para que me enviara unas fotos de mis abuelos, todos fallecidos.

Después fui a una tienda que habían abierto poco tiempo antes a unas cuadras de mi casa a consultar precios de marcos y quedé sorprendido cuando vi que su dueño se llamaba Lozano Sánchez.

Mi padre era Sánchez Lozano y su madre Lozano Sánchez. ¡Esta era sin duda una impresionante casualidad!

Finalmente mi hermano no pudo enviarme las fotos de mis abuelos a tiempo y el Día de Muertos mi altar quedó vacío.

Unos días después, cuando llegué a España para asistir al funeral, encendí mi teléfono y vi que Leslie, que quería mucho a mi padre, había puesto una foto suya en el altar.

Fue en ese momento cuando comprendí que mi altar no había quedado vacío por casualidad, en realidad, sin darme ni cuenta, yo había preparado este altar para mi padre.

Los difuntos

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
La respuesta llegó pocas horas después
cuando me vi montado en un avión para
asistir al funeral de mi padre
Mi padre murió al alba del Día de los Fieles Difuntos.

Horas antes de su muerte, mientras tomaba fotos en el panteón de San Gregorio Atlapulco, vi un avión comercial de juguete en la tumba de un niño y me pregunté en voz alta: ¿Un avión comercial en una tumba? ¿A quién se le ocurre poner un avión comercial en una tumba?

La respuesta a este enigma llegó cuando unas horas después de tomar la fotografía me vi montado en un avion comercial rumbo a Madrid para asistir al funeral de mi padre.

La presencia 

La noche del Día de Muertos llegué al panteón con una extraña sensación de vacío, dolores en el pecho y mareos. ¿Qué me estaba pasando?¿A qué venían aquellas molestias?

Cuando creía que me iba a desmayar, llegué a una tumba en la que un niño jugaba iluminado por la luz de las velas. En ese momento sentí una presencia muy fuerte acompañada por un intenso olor a flores. La presencia me trajo mucha paz, dejé de sentir dolor y los mareos desaparecieron.

Yo aun no lo sabía, pero en aquel mismo momento en el que estaba sintiendo esta presencia, al otro lado del mundo mi padre se acababa de morir.

La llamada

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
En ese momento sentí una presencia
acompañada por un intenso olor a flores.
La presencia me trajo mucha paz
y mis dolores desaparecieron
Mi hermana Lourdes heredó de mi padre saber actuar en los momentos difíciles y por eso, cuando lo encontraron muerto me llamó inmediatamente. Gracias a su llamada llegué a tiempo al funeral.

El taxista que me llevó al aeropuerto me dio un gran consejo y me dijo que a los muertos primero hay que llorarlos, segundo pedirles perdón y tercero olvidar lo malo para recordar sólo lo bueno. 

Cuando llegué al mostrador de la aerolínea el vendedor me dijo que mi pasaporte estaba caducado y quedé paralizado: ¿Qué pasaría ahora?¿Podría tomar el avión con un pasaporte caducado?¿Llegaría a tiempo al funeral?

Pasando por él último control de seguridad un funcionario vio que mi pasaporte estaba caducado y me preguntó a donde me dirigía. Le contesté que iba al funeral de mi padre.

Después de guardar silencio unos segundos, el funcionario me dijo que no estaba seguro de si podría dejarme pasar con el pasaporte caducado, pero que, como "también tenía padre", me dejaría pasar sin hacer averiguaciones.

Dicho esto me devolvió el pasaporte y me pidió que me fuera rápido no fuera a perder el avión. Esta persona hizo que recuperara en un sólo instante todas mis esperanzas en el futuro de la humanidad.

Mientras caminaba por los fríos pasillos del aeropuerto me pregunté: ¿Porqué no abandonamos este mundo de la política, de las leyes inhumanas y de los controles brutales y creamos un mundo nuevo en el que las leyes sean el amor, el sentido común y la humanidad?

La compañía

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Cuando recibí la noticia de su muerte,
comprendí que aquel encuentro con la
familia Sánchez no había sido casualidad.
Se trataba de otra de las señales que me
preparaban para la partida de mi padre
En el avión me tocó sentado junto a una mujer que se negó a saludarme mirandome de forma despectiva y racista. Le dije "buenas tardes" varias veces hasta que de mala gana contestó.

La actitud arrogante de esta mujer, en lugar de enfadarme, me enseñó algo muy importante: la muerte de mi padre había cambiado muchas cosas dentro de mí y nada podía perturbar mi paz interior. 

Con los ojos de la compasión vi que detrás de los gestos violentos de la mujer había mucho miedo, una profunda tristeza y una amarga soledad. Era como si el miedo, la tristeza y la soledad le hubieran robado el alma.

Unos minutos después, por esos misterios que tiene la vida, llegó una joven mujer que cambió su asiento con la mujer sin alma.

Mi nueva compañera de vuelo se llamaba Patricia y era totalmente opuesta a la anterior. Tenía un espíritu libre y no dejaba de sonreír.

La fortuna, que siempre me acompaña, había hecho que Patricia perdiera el vuelo el día anterior y gracias a esta pérdida gané yo su compañía.

Como las cosas siempre pasan por algo, cuando le hablé sobre la muerte de mi padre, Patricia me dijo que no me preocupara, que ella desde niña había tenido la capacidad de ver a los espíritus y sabía que no puede existir la muerte porque las almas no mueren.

Me quedé dormido pensando si sería cierto que mi padre no había muerto y si estaría en ese instante junto a mí, aunque yo no pudiera verlo.

La cara

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
A mi derecha estaban el Cristo de la
Buena Muerte y la Virgen de los Dolores.
Hace unos años me hice miembro de esta
Hermandad y mi padre se ofreció, con el
dinero que sacaba vendiendo espárragos,
a pagarme la inscripción anual
Un rato después de quedarme dormido, Patricia me despertó y me dijo que había visto en un sueño la cara de un anciano moreno, de pelo corto y con la cara hinchada.

Aunque era la descripción de mi padre decidí atribuir este gran parecido a la casualidad.

Horas más tarde, mientras nos despedíamos en el aeropuerto de Madrid, Patricia abrió mi blog de Instagram y señaló una foto de mi padre diciendo ¡que era el hombre que había visto en su sueño!

Pensando en voz alta la ofendí preguntándole si no me estaba mintiendo por agradar. ¿Cómo podía haber visto a mi padre en su sueño?¿Como era esto posible?

Mostrándose muy comprensiva, Patricia me aseguró que nunca mentiría sobre un tema tan serio y me aseguró que era mi padre a quién había visto en su sueño.

Fue entonces cuando me pregunté cual sería la fuerza capaz de hacer que Patricia viniera a México durante estas fechas, que perdiera su avión el día antes y que cambiara su sitio con la mujer sin alma.

Fue gracias a estas misteriosas coincidencias que mi padre pudo aprovechar las capacidades psíquicas de Patricia para entrar en el sueño y mostrarme que se encontraba junto a mí. 

Vuelta a la luz

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
El vendedor le explicó que el mensaje había
sido puesto para recordarnos que todas las
personas mueren, que todo lo que sube
baja y todo lo que nace tiene que morir
Un día antes de la muerte de mi padre, mi hermano Diego entró en una tienda de Granada y preguntó por el significado de una de las señales que decoran las paredes de la Alhambra.

El vendedor le explicó que el mensaje era para que nadie olvide que todas las personas mueren, que todo lo que sube baja y que todo lo que nace tiene que morir.

En ese momento, mi hermano comprendió que mi padre iba a morir y subió a su blog de Instagram una foto de una vela acompañado de las palabras: "Vuelta a la luz".  

Después el vendedor lo guió hacia otro texto que decía: "La caravana de la vida avanza". 

Fue entonces cuando mi hermano, guiado por las señales, comprendió que cuando mi padre muriera, por mucha tristeza que pudiéramos sentir, la caravana de nuestras vidas tendría que continuar.

El testigo

Cuando fueron a registrarse para su boda, mis padres no sabían que necesitaban testigos y tuvieron que buscar a las primeras dos personas que pasaron por la puerta de la iglesia.

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Cuando fueron a registrarse para su boda
mis padres no habían preparado testigos y
buscaron a las primeras dos personas que
pasaron. Antonio Del Corral Bazán
fue uno de los testigos de su boda
Una de estas personas fue Antonio del Corral Bazán, el abuelo de Maite, compañera de mi hermano Diego.

Este hecho hizo que entre los dos Antonios, el testigo y mi padre, naciera un lazo que duró muchos años.

Meses antes de que muriera mi padre Maite comenzó a sentir una presencia que la acompañaba a todas partes. Un día, esta presencia se materializó y vio frente a ella a su abuelo Antonio, el testigo de la boda de mis padres, quién había muerto unos años atrás.

Buscando comprender este misterio, Maite fue a ver a una vidente que, sin saber nada sobre esta aparición, le dijo que venía acompañada de su abuelo.

Mientras conversábamos sobre esta anécdota antes del funeral, comprendimos que el abuelo de Maite, el testigo, había venido a acompañar a mi padre en su partida y como quería mucho a su nieta, había aprovechado el viaje para visitarla.

El aviso

Mi padre murió unos días después de terminar una obra de remodelación de mi casa.

Durante la obra, mi padre le dijo a los trabajadores que aunque sabía que no disfrutaría de la casa renovada, le alegraba mucho dejarla lista para que la disfrutaran sus hijos.

Terminada la obra mi padre reunió a los trabajadores y les dijo: "Venid el viernes porque el lunes no habrá dinero" o "Venid el viernes porque el que venga el lunes no cobra". ¿Porqué aquella prisa por pagar el viernes? ¿Sería que Antonio tenía planeado salir de viaje el lunes? Nadie comprendía, o nadie quería comprender, que mi padre estaba avisando de que se iba a morir.

Como había anunciado, después de pagar a los trabajadores y viendo la obra terminada para sus hijos, el lunes por la mañana, Antonio, sabiendo que había terminado Su Obra, se marchó y comenzó su camino por la enternidad.

El reloj

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Saturno o Cronos, conocido como Satanás,
era el dios del tiempo y la muerte para los
grecoromanos.Sus símbolos eran la guadaña
y el reloj, esa máquina infernal que controla
la vida de las personas y a la que todos
obedecen con una triste exactitud
Cuenta mi madre que hace muchos años, antes de morir su tía Catalina, en su casa comenzó a sonar un reloj.

Esto no tendría nada de extraño si no fuera porque ¡en la casa de mis abuelos no había reloj!

Mi abuelo, Diego Román Monasterio, intentó apagar aquel reloj invisible golpeando las paredes pero cuando golpeaba en un lado el reloj comenzaba a sonar por el otro.

Siguiendo con esta tradición, la noche anterior a la muerte de mi padre, el reloj de mi casa comenzó a sonar más fuerte de lo normal y se adelantó. Mi madre, que sabía lo que esto significaba, le quitó las pilas.

Saturno o Cronos, conocido como Satanás, era el dios del tiempo y de la muerte para los grecorromanos. Sus símbolos más importantes eran la guadaña y el reloj, esa máquina infernal que controla la vida de las personas y a la que todos obedecen con una triste exactitud.

En el bosque no hay relojes porque en la naturaleza el tiempo no tiene sentido. Por eso, la gente del campo sólo conoce el espacio eterno del ahora. Todavía hoy, en mi pueblo, la gente de campo se saluda con un hermoso y sabio: ¡Hasta ahora!

Mi padre era parte de la naturaleza y sólo sabía vivir en el ahora. Por eso, porque estaba siempre viviendo su presente cuando llegó la hora de su muerte, Satanás, ni pudo engañarlo con su reloj ni logró aterrorizarlo para llevarse su alma.

Las pastillas

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Pero, aunque aquella vez logramos sacarlo
del hospital, la muerte, vestida con bata
blanca y disfrazada de pastilla, siguió
acechando hasta que cumplió su objetivo.
¿Será verdad lo que dice el refrán de
que el infierno está lleno de buenas
intenciones?
La primera vez que metieron a mi padre en el hospital pidió hablar conmigo por teléfono y me dijo: "Ayúdame a salir del hospital, hijo mio, que estos me van a matar". 

Sus palabras fueron proféticas.

Al hospital lo llamaban los vecinos el 501 porque según la sabiduría popular: de quinientos que entraban, salía vivo uno.

Con la ayuda de mi hermano logré cumplir el deseo de mi padre y sacarlo del hospital.  

Insistí en que si tenía que morir, que lo hiciera en libertad en el campo cogiendo espárragos o durmiendo con decencia en su propia cama.  ¿Qué sentido tendría que mi padre fuera condenado a morir en un lugar tan artificial y alejado de la naturaleza como un hospital?

Pero, aunque aquella vez logramos que saliera del hospital, la muerte, vestida con bata blanca y disfrazada de pastilla, siguió acechando hasta cumplir su objetivo. ¿Será verdad lo que dice el refrán de que el infierno está lleno de buenas intenciones?

Mi padre vivió setenta años casi sin enfermarse, comía alimentos que él mismo cultivaba y se curaba con hierbas naturales que recogía del campo. El tratamiento médico, que se suponía que mejoraría su salud, derrumbó su fortaleza en unos cuantos meses. ¿Será casualidad que la palabra fármaco venga del griego Pharmakon y signifique "veneno o hechizo"?

Cuando me dijeron que mi padre había comenzado un tratamiento pronuncié la más triste de mis profecías: Que con las pastillas no viviría cinco años. Sólo vivió cuatro. ¡Cuanto me gustaría haberme equivocado! 

Cuando iba a visitarlo al pueblo mi padre se levantaba temprano cada mañana y me esperaba en la cocina con el desayuno preparado. Lo veía lleno de vitalidad y eso me alegraba mucho el corazón.

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Dios premió la bondad de mi padre con
una muerte serena y será Dios, y no yo,
quién decidirá el futuro de estos médicos
que, jugando a ser dioses, ignoraron
la voluntad de mi padre.
Sin embargo comencé a ver que después de desayunar mi padre se tomaba las pastillas y, como si lo hubieran hechizado, se transformaba en una persona totalmente diferente. Su cara cambiaba de color, le daban mareos y la sonrisa desaparecía de su cara.

Tardé unos días en darme cuenta del cambio tan grande que sufría mi padre después de tomarse las pastillas. Daba tristeza ver lo malo que se ponía después de tomárselas.

Un día le dije que porqué no dejaba el tratamiento y me dijo que él médico le había dicho que si lo dejaba se podía morir. Curioso que el médico nunca le había dicho que si seguía con el tratamiento los efectos secundarios lo podrían matar.

Aunque nunca lo podré demostrar, estoy seguro de que las pastillas fueron una de las principales causas de su muerte.

Un tiempo después la familia me dijo que los médicos habían recomendado que mi padre se operara del corazón. Ese día miré al cielo y le pedí a Dios por él. Sabía que tras esta operación vendría su final.

Durante el funeral, una mujer me preguntó si su muerte me había tomado por sorpresa y le contesté que no. Yo había dicho muchas veces que si no dejaba el tratamiento se moriría. 

Pero no fui yo el único que se dio cuenta de que el remedio era peor que la enfermedad  y unos meses antes de morir, mi padre le dijo a mi hermano que "no aguantaba más" y que "las pastillas lo iban a matar."
Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Mi abuela María Torres Santos y mi abuelo
Diego Román Monasterio. Cuenta mi madre
que antes de que muriera su tía Catalina
comenzó a sonar un reloj en su casa. Esto no
tendría nada de extraño si no fuera porque
¡en la casa de mis abuelos no tenían reloj!

Decidido a dejar el tratamiento mi padre fue al médico y pidió ayuda para dejar las pastillas. Seis meses pasó de médico en médico para que lo ayudaran a dejar el tratamiento sin recibir ayuda de los médicos.

Poco antes de morir, desesperado, mi padre le pidió a mi hermano y le dijo que lo ayudara porque "las pastillas se lo iban a comer". 

A los médicos que no ayudaron a mi padre no les guardo ningún rencor y ya los he perdonado. Su ignorancia los lleva a creerse dioses omnipotentes. Como diría Jesús: "Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen".

Dios premió la bondad de mi padre con una muerte serena y será Dios, y no yo, quién decidirá el futuro de estos médicos que, jugando a ser dioses, ignoraron la voluntad de mi padre.

El poder

¿Pero no estaré cometiendo yo un grave error atribuyendo a estas personas de bata blanca un poder sobre la vida y la muerte que realmente no tienen?¿Y si fuera cierto que todos elegimos el momento y la forma en la que vamos a morir?

Hace muchos años, durante el funeral de José, su hermano mayor, mi padre dijo que moriría como élal cumplir los 73 años y en la tranquilidad de su casa. Tanto quería mi padre a su hermano mayor que hasta en la muerte lo imitó.

Cada vez que mi padre le decía a mi madre que moriría igual que su hermano ella le contestaba: "Anda Antonio, ¿Como piensas que vas a ser especial y te vas a morir cuando a ti te de la gana?"

Al final, como anunció tantas veces, mi padre murió como quiso y abandonó este mundo como su hermano mayor, en la tranquilidad de su casa y dos semanas después de cumplir 73.

La ciencia

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Una de mis fotos de familia con mi abuelo
José Sánchez Chacón, caminero de Olvera,
y mi tía María José Torres Santos. Mi tía
ha estado muchas veces a punto de morir
y podríamos decir, con humor, que es
"experta" en morirse y resucitar.
Después del funeral mi hermano, como mi compañera de avión, comenzó a ver la cara de mi padre en sueños.

Tratando de comprender el significado de estas caras decidimos preguntarle a mi tía María José, hermana de mi madre.

Mi tía ha estado muchas veces a punto de morir y podríamos decir, con humor, que es "experta en morirse y resucitar."

Ella debe ser la prueba de que no moriremos hasta que no termine nuestra misión.

Con la autoridad que tiene alguien que "ha muerto" muchas veces, mi tía nos dijo que del otro lado siempre "veía la cara de mi abuela María Torres Santos que la mira en un tunel muy luminoso, con una luz muy profunda y que no tiene fin"

Oyendo esto pensé: ¿Será el mundo de los sueños una puerta por la que entramos a otra dimensión? ¿O será el mundo de los sueños el camino que nuestras almas recorren tras la muerte para comenzar una nueva vida?

Los días grises

Mi padre, como era un hombre de campo, amaba las tardes lluviosas y las nubes negras le alegraban el corazón.

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Mi padre, como era un hombre del campo,
amaba los días grises y las tardes lluviosas.
Fue él quién me enseñó que solo el
que no comprende a la naturaleza puede
ponerse triste cuando ve un cielo gris.
Cuando llovía mi padre solía celebrarlo diciendo "que el agua era muy buena para el bosque" y "que el campo se iba a poner precioso."

La sociedad de mi padre estaba tan alejada de la naturaleza que cuando venía la lluvia los presentadores de televisión asustaban a la gente diciéndole que había "amenaza de lluvia". ¡Como si el agua, que es lo que nos da la vida, fuera una "amenaza"!

Tan grande era el amor de mi padre por estos días lluviosos que tenía su propio aparato para medir los litros de agua que caían del cielo.

Fue él quién me enseñó que solo el que no comprende a la naturaleza puede ponerse triste cuando ve un cielo gris.

Cuando mi padre se murió, Dios, que conocía muy bien sus gustos, lo despidió con un día extremadamente gris regalándole uno de los días más lluviosos del año.

El milagro

Muchas de las personas que acudieron al velatorio llevaron comida y en poco tiempo la mesa del comedor se llenó de quesos, de productos ibéricos y de pan.

Cuando tocó repartir la comida se presentó un inconveniente porque todos habían llevado cuchillos de plástico que no servían para cortar y hacía falta un cuchillo de verdad.

¿Cómo es posible que hayamos llegado a extremos tan absurdos? ¿Hemos cambiado el cuchillo verdadero, que duraba años y servía para cortar las cosas, por unos cuchillos de plástico que no cortan y después de usarlos los tiramos para que se conviertan en basura contaminante que tardará siglos en degradarse?

Mi padre, como siempre estaba con nosotros cuando lo necesitábamos, no quiso perder la ocasión de ayudarnos y vino en nuestro auxilio desde el más allá realizando su primer milagro.

Mientras los vivos discutían sobre quién buscaría un cuchillo de verdad, mi primo José Manuel dijo que miráramos en su coche porque "Antonio siempre estaba preparado para una emergencia y llevaba una navaja en el coche". Cuando mi hermana miró encontró una navaja afilada y lista para cortar nuestra comida.

Mi padre, que siempre iba preparado para que no nos faltara de nada: ¡Había solucionado nuestro problema durante su propio funeral! y gracias a él, el muerto, ¡pudimos repartirnos el pan los vivos!

El agradecimiento

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
En el funeral el ataúd fue colocado en la
iglesia del pueblo frente a la imagen de
la Virgen del Carmen. Recordé entonces
los Domingos de Resurrección a los que
mi padre me llevaba de la mano luciendo
su único traje, que nunca quiso cambiar
"porque estaba nuevo".
En el funeral de mi padre el ataúd fue colocado en la iglesia del pueblo frente a la imagen de la Virgen del Carmen.

Mi padre nació en Olvera y vivió en Zahara de la Sierra y Grazalema, pueblos en los que mi abuelo fue caminero. Sin embargo fue en Prado del Rey donde eligió vivir la mayor parte de su vida.

Me emocionó mucho ver que la iglesia estaba abarrotada en su funeral. Antonio amaba mucho a Prado del Rey y el pueblo se lo estaba agradeciendo con una gran despedida.

Observando el ataúd recordé los Domingos de Resurrección a los que me mi padre me llevaba de la mano luciendo su único traje, el que nunca quiso cambiar "porque estaba nuevo".

A mi derecha estaban el Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de los Dolores. Hace unos años, cuando me hice hermano de su hermandad, mi padre se ofreció pagarme la inscripción anual con el dinero que ganaba vendiendo espárragos.

Casualidad o no, estos santos nos hicieron un gran regalo a todos ya que mi padre murió sin agonía y fue bendecido con el mejor de los regalos: Una Buena Muerte.

A mi izquierda estaba la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Cuando eramos niños, creyendo que era un hombre de verdad, los amiguitos veníamos a la iglesia para tocarle el pie y salíamos corriendo porque creíamos que aquel hombre se podría enfadar, soltar la cruz y bajarse a perseguirnos.

Durante muchos años llevé en mi cartera una estampita de este Jesús Nazareno que mi padre me regaló cuando emprendí mi viaje por América. Me dijo que con ella estaría siempre protegido.

El día que enterramos sus cenizas le devolví su estampita para que el Jesús Nazareno lo acompañe en el hermoso viaje por el más allá que acaba de comenzar.

El terremoto

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
¿Debería creer que, como dicen los
científicos, mi padre fue un accidente
vacío y sin alma? ¿Debería creer que,
como dice la ciencia, mi padre fue sólo
un número y una casualidad matemática?
¿Debería creer, que como dicen los
científicos, el amor que me daba mi padre
no existía porque ellos no pueden
medirlo ni calcularlo?
Durante el funeral se leyeron unos versículos que describían que después de morir Jesús hubo terremotos y el mundo se cubrió de tinieblas.

Después de la muerte de mi padre también se levantaron fuertes vientos y hubo una gran tormenta por lo que almorzando con la familia unos días después bromeé diciendo que para que la partida de mi padre fuera acorde con las escrituras necesitábamos un terremoto.

Lo que empezó como una broma, casualidad de casualidades, se convirtió en un asunto serio y ¡pocas horas después hubo un terremoto!

Mi cuñado Fran, que quería mucho a mi padre, comentó emocionado que el terremoto debía ser la prueba de que mi padre ya había llegado al cielo y se había puesto a hacer reparaciones.

Si un científico leyera este texto se escandalizaría porque: ¿No sería más sensato pensar que este terremoto sucedió por una causa natural?¿O no sería más lógico creer, por ejemplo, que el terremoto lo provocó el fracking y las explosiones subterráneas que están provocando en Jaen?

Sin embargo, teniendo en cuenta que todo es una cuestión de fe: ¿Cómo podría yo saber si la ciencia dice la verdad o no?¿Debería confiar en una disciplina que ha sido capaz de construir una bomba atómica para destruir países enteros en segundos?¿Debería yo poner mi fe en una ciencia que ha demostrado tantísimas veces que no tiene conciencia?

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque sus máquinas no podían medirlo ni calcularlo?

Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. Entonces: ¿Debería adaptarme yo a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Debería adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si fueran números sin alma?

Si, como dice la ciencia, mi padre fue un accidente matemático: ¿Significa esto que los nazis tenían razón y que las millones de personas que murieron en la guerra no importaban porque eran accidentes?¿Estaría entonces justificado entonces matar a millones de personas simplemente porque la ciencia dice que los seres humanos son una casualidad sin alma o una mezcla de reacciónes químicas? 

Antonio Sánchez Lozano, como todas las personas que viven en nuestro planeta, era mucho más que su nombre o sus apellidos, mucho más que un número de la seguridad social o un carnet de conducir. Mi padre era un ser humano y: ¿Qué somos los seres humanos sino Amor?¿No es nuestro Amor lo que hace que sea posible la Vida?

Yo se, diga lo que diga la ciencia, que mi padre no murió porque su Amor no puede morir. Su Amor que nos dío seguirá vivo en las personas que lo conocieron, en los árboles que sembró que alimentan hoy a los animales hambrientos, en sus eternas compañeras las abejas que polinizan los bosques, en el canto de sus amigos los pájaritos y en los venados que se dibujan en la niebla.

Las estrellas

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Su muerte nos dio grandes lecciones,
reunió de nuevo a nuestra familia
y congregó al pueblo para su despedida.
En momentos en los que vivimos
tanta desunión, su muerte sirvió
para que volviéramos a reunirnos.

Unos días después del funeral fui con mi hermano a caminar de noche por el campo para ver las estrellas. ¡Cuantas veces nos llevó nuestro padre por aquellos mismos caminos!

Nunca hubiéramos imaginado que su muerte, un suceso con los que la sociedad nos aterrorizó durante años, se convertiría también en una bendición.

La muerte de mi padre nos dio grandes lecciones, reunió de nuevo a nuestra familia y congregó al pueblo para su despedida. En momentos en los que vivimos tanta desunión su partida sirvió para que volviéramos a reunirnos.

Fueron tantos los milagros de los que fuimos testigos que el dolor de su pérdida fue aliviado por una gran paz en el corazón. Sabemos que nuestro padre no murió.

Justo al salir del pueblo, liberados de las cegadoras luces de la modernidad, una hermosa estrella fugaz nos dio la bienvenida. ¡Qué pena que las luces artificiales de las ciudades no permiten que las personas se reflejen en las estrellas!

Conversando bajo el manto azul del firmamento llegamos a la conclusión de que el proceso de la muerte comienza muchos meses antes de morir y que nuestra muerte es simplemente un capítulo más de nuestra vida.

Cuando comenzamos a hablar de las misteriosas señales que habían acompañado la despedida de mi padre otra estrella cruzó el cielo iluminando el firmamento. Los árboles que había frente a mí brillaron y tuve tiempo de darme la vuelta para disfrutar la hermosa señal cósmica que nos regalaba mi padre.

Mirando las estrellas del cielo me pregunté: ¿Cómo era posible esto?¿Era esta estrella fruto de la casualidad?¿Porqué brilló cuando hablábamos de mi padre?

Un rato después, cuando hablamos de él por segunda vez, una estrella aun más grande y brillante iluminó el firmamento.

En ese momento, paralizado y sin palabras, recordé lo que dicen los mayas de que los seres humanos cuando morimos nos convertimos en estrellas.

Justo antes de que las luces artificiales del pueblo oscurecieran el cielo, mi padre nos despidió con una cuarta estrella fugaz. ¡Que pena que en las bombillas de las farolas no puedan brillar las almas de los que se mueren¡

A la mañana siguiente cuando desperté lo primero que vi fue el comentario que una amiga mexicana había publicado junto a la foto de mi padre que decía: ¡Sincronía cósmica!

Sentí una gran alegría cuando comprendí que con estas palabras mi padre me estaba avisando de que cada vez que miremos al cielo podremos verlo brillando en el firmamento.

La Resurrección

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Me di cuenta de que el Resucitado tenía una
mano en el corazón y la otra extendida y
separada del cuerpo. Comencé a llorar
cuando recordé que ¡mi padre se murió
en la misma posición!
Mi padre murió tendido boca arriba, con una mano en el corazón y con la otra extendida y separada del cuerpo. En su rostro había gestos de una profunda alegría y de mucha paz.

El médico no encontró síntomas de tensión ni de dolor. Mi padre simplemente se quedó dormido y ya no despertó. El médico no encontró la causa de su muerte.

La serenidad de su rostro hizo que los de la funeraria le preguntaran a mi madre que si estaba segura de que estaba muerto.

Tampoco hizo falta maquillarlo porque no había ningún sufrimiento que disimular.

Unos días después del funeral fui a la iglesia a meditar en silencio y me senté a observar la imagen del Sagrado Corazón.

Mi padre llamaba a este Cristo el Resucitado porque algunos años salió junto a la Virgen del Carmen en la procesión el Domingo de Resurrección.

Después de observar la imagen del Resucitado unos minutos me di cuenta de que tenía una mano en el corazón y la otra extendida y separada del cuerpo. Comencé a llorar cuando recordé que ¡mi padre se había muerto en la misma posición!

Desobedecer

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Mi hermana Lourdes con “El chulo”.
Enterramos las cenizas de mi padre
junto a las de su hermano Alfonso.
Con ellos están enterrados los perritos
el Chulo y la Niña, y un pajarito al
que intenté salvar después de que
un desalmado le pegara un tiro
por puro placer.
Enterramos las cenizas de mi padre junto a las de su hermano Alfonso en la tierra en la que ambos crecieron.

Junto a ellos están enterrados el Chulo y la Niña, los perritos de Fran, y un pajarito al que intenté salvar después de que un desalmado le pegara un tiro por puro placer.

En este antiguo bosque, hoy convertido en desierto, los tractores han sustituido a los ciervos y los herbicidas han acabado con el rocío de la mañana. Los pájaros ya no cantan y la fuente se secó.

Mi padre dijo que no quería que sus restos fueran llevados al cementerio. No quería que lo encerraran eternamente en una cárcel de cemento decorada con flores muertas. Su deseo era regresar a la tierra y alimentar a las flores.

Antes de morir, como le gustaba organizarlo todo, le dio a mi hermana Lourdes instrucciones exactas de donde y cómo debíamos enterrarlo.

Un vecino nos dijo que tuviéramos cuidado al enterrar sus cenizas porque unos "científicos" habían dicho que eran "contaminantes" y los políticos lo habían prohibido. Ni siquiera me molesté en averiguar si decía la verdad o no.

Observando un tractor descargando dos contenedores enormes con agroquímicos me pregunté: ¿Se pueden arrojar toneladas de productos químicos que envenenarán la tierra? ¿Se pueden fabricar toneladas de plásticos que contaminarán durante siglos el planeta? ¿Se permite que miles de millones de coches envenenen al aire que respiramos? ¿Y es "contaminante" enterrar las cenizas de mi padre?

En un mundo en el que las bombas matan a miles de personas cada día, las industrias mineras vierten toneladas de veneno a los ríos y las grandes ciudades inundan de basura los océanos: ¿Es "peligroso" enterrar las cenizas de mi padre debajo de un olivo?

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
¿Se pueden arrojar toneladas de productos
químicos que envenenarán la tierra?
¿Se pueden fabricar toneladas de plásticos
que contaminarán durante siglos el planeta?
¿Y es peligroso enterrar las cenizas de mi
padre en la tierra donde nació?
Decía Mahatma Gandhi que: "Cuando una ley es injusta, lo mejor es desobedecer". Y por esto, cuando haya terminando de escribir este texto, las cenizas de mi padre ya serán parte de la tierra y estarán alimentando a las flores.

La verdad

Con la sabiduría que da tener los pies en la tierra, mi padre siempre dijo que la única solución para este mundo era que cuidaramos la tierra nosotros ayuándonos los unos a los otros.

Decía que si dejábamos nuestro futuro y el del mundo en manos de las grandes empresas, los políticos y los ecologistas lo destruirían. Qué razón tenía.

Mientras estaba escribiendo este texto vi en la portada de un diario que los mismos poderes económicos y políticos que han llevado al mundo a la grave situación en la que se encuentra, estaban reunidos en una cumbre para arreglar el problema que ellos mismos provocaron.

Esperar que los mismos políticos, multinacionales y banqueros que provocaron el problema vayan a arreglarlo es, como diría mi padre, ¡intentar apagar un fuego echándole más candela! 

Viendo a los políticos tomándose fotos en la televisión, me pregunté: ¿Cómo va a mejorar este mundo si se margina a las personas humildes como mi padre y se premia a depredadores de corbata que desde sus cumbres destruyen la vida sin piedad? ¿Como va a mejorar este mundo si se humilla a personas generosas como mi padre y se valora a personajes siniestros que se enriquecen a costa de destruir, si es necesario, a su propia Madre?

El curso de la vida

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
En este antiguo bosque, hoy convertido
en desierto, los tractores han sustituido
a los ciervos y los herbicidas han acabado
con el rocío de la mañana. Los pájaros
ya no cantan y la fuente se secó.
Mi padre decía que había que hacer las cosas con humildad, que había que intentar no hacerle daño a nadie y que, aunque se tuviera poco, no había que dejar de dar.

Con su vida nos enseñó que todos los seres tenemos una misión en la vida a la que no debemos renunciar jamás.

Como seres humanos libres deberíamos seguir nuestro propio camino y no obedecer ciegamente a una educación que nos quiere programar a todos como si fuéramos robots.  
Querer que todos pensemos igual es una forma de fascismo y no un paso hacia nuestra libertad.

Igual que nuestras huellas dactilares son únicas, nuestras almas y nuestros corazones también lo son.  

Por esto deberíamos defender nuestro derecho a ser libres y rechazar unas leyes que nos tratan como si fuéramos números o casualidades sin alma.

Semanas antes de morir mi padre me propusieron que asistiera a un curso para aprender sobre la muerte. Este curso se celebraba los días 1 y 2 de noviembre en Tepotztlán, México.

Justo en el instante en que iba a inscribirme, guiado por una fuerte voz interior, di marcha atrás y decidí no asistir. En ese momento, la organizadora me dijo que estaba perdiendo una gran oportunidad de aprender lo que significaba la muerte.  

La realidad es que en el hotel de Tepotztlán donde se realizaba este curso no había señal telefónica y si hubiera asistido a este curso sobre la muerte nunca hubiera llegado a tiempo al funeral de mi padre.

Ahora comprendo que lo que me sucedió ese día fue la prueba más importante de mi vida. Ante mí tuve dos caminos, el camino del mundo y el camino de mi corazón.

Fue gracias a que pasé la prueba y elegí el camino de mi corazón que aprendí la lección de las lecciones: Que el único camino que hay que seguir es el de nuestro corazón, y el único curso que hay que seguir es el Curso de la Vida.

Somos uno

Abrazando el cuerpo de mi padre por última vez antes de que se lo llevaran para cremarlo me pregunté: ¿Debería creer que, como dicen los científicos, mi padre fue un accidente vacío y sin alma? ¿Debería creer que, como dice la ciencia, mi padre fue sólo un número y una casualidad matemática?¿Debería creer, que como dicen los científicos, el amor que me daba mi padre no existía porque ellos no pueden medirlo ni calcularlo?   Dijo el sabio Krishnamurti que no es señal de buena salud estar adaptado a una sociedad enferma. ¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad para la que el amor de mi padre no valía nada?¿Querría entonces yo adaptarme a una sociedad que trata a los seres vivos como si no tuvieran alma?   Si mi padre fue un número y un accidente matemático como dice la ciencia: ¿Significa esto que los que crearon los campos de concentración tenían razón y que las millones de personas que mataron los nazis eran simplemente un accidente matemático sin alma?   Abrazando el cuerpo vacío de mi padre comprendí que la ciencia miente.  Mi padre no fue un accidente, un número o una casualidad. Tampoco fue una suma de reacciones químicas y biológicas. Mi padre es un ser eterno porque su amor, el amor que nos dio, vive y vivirá siempre en nosotros. Su esencia vivirá hasta la eternidad.
Desde que mi padre se murió, aunque no
haya podido parar de llorar, siento una
gran paz en el corazón porque se que
cuando haya terminado mi misión,
me convertirme en una estrella
y brillaré junto a él en el firmamento.
A estas alturas de la vida ya no me importa que me llamen loco. Y menos si los que me llaman loco son personas que todavía creen en las mentiras de la política y en los cuentos de hadas de una sociedad cuyas bases son el dinero, la injusticia y la corrupción.

Si estas personas quieren seguir creyendo en las promesas de sus políticos y sus dioses de papel, que lo hagan, pero que nos dejen a los locos soñar con algo mejor.

A los muchos que me llaman loco yo les preguntaría: ¿Tengo que dejar de creer en el Amor para creer en la política?¿Tengo que dejar de creer en lo que me dice mi corazón para creer lo que dice un ídolo falso creado por la prensa o por la televisión?

Mentiría si dijera que he alcanzado la perfección que alcanzaron mi padres. Yo todavía soy un esclavo de mi ego que apenas he comenzado a romper algunas de las muchas cadenas que lo atan.  

Quiero también aclarar que por escribir este texto no merezco ningún reconocimiento. ¿Cómo podría yo dar clases de decencia, de amor o de santidad a nadie?¿Quién soy yo comparado con una persona tan consciente como mi padre?

Tampoco mi padre debería ser tomado como guía, no se trata de fundar iglesias sino de liberarnos de los ídolos y comprender que todos somos uno.

Si bien mi padre podría ser una inspiración para muchos de nosotros, cada uno de nosotros deberíamos consultar con nuestro corazón y recorrer nuestro propio camino.

Cuando la necesitemos la ayuda estará ahí siempre, Dios o como quieras llamarlo, te la enviará si se la pides con el corazón.

He querido que la historia de Antonio Sánchez Lozano le haga justicia a los millones de héroes anónimos como él que se levantan cada día con la idea de construir un mundo mejor. Heroes que nunca son noticia en la prensa o en la televisión porque para los adoradores del dinero el Amor no vale nada.

Desde que murió mi padre, aunque no he parado de llorar, siento una gran paz en el corazón porque comprendo que todo está conectado. Mi padre y yo Somos Uno y nada, ni siquiera la muerte, nos podrá separar jamás.  

Hoy se que cuando haya terminado mi misión y mi camino llegue a su fin, volveré a reunirme con mi padre y brillaremos juntos en el firmamento.

En tu corazón

Hace un tiempo mi hermano le hizo un homenaje a mi padre y a mi familia dedicándoles una composición para piano llamada "En tu corazón" acompañada con fotografías de la familia.

Cuando mi hermano le puso este audiovisual tres días antes de su partida mi padre se puso tan contento que no podía parar de llorar. Lloraba de alegría contemplando que su Gran Obra y su Misión habían concluido. 

Despediré esta historia con este audiovisual para que mi padre pueda llorar de alegría sabiendo que siempre estará con nosotros y lo llevaremos enternamente en nuestro corazón.

Este diario recoge algunas historias y reflexiones sobre cosas que me pasan en este misterioso viaje que es la vida. Desde la posición de un observador registro algunas situaciones que se presentan ante mí.

Aunque lo intente, mi observación no siempre será acertada, muchas veces estará limitada por mis creencias y condicionada por mi forma de ver el mundo.

Aunque las historias que aparecen en este blog están basadas en hechos reales todas deben ser consideradas cuentos fantásticos. La realidad, para bien o para mal, es sólo una percepción y siempre está condicionada por nuestras creencias y nuestra imaginación.